El mundo de los sueños imaginados
El Mundo de los Sueños imaginado en los libros de Alicia abunda en juegos filosóficos y del sinsentido y la paradoja, juegos metafísicos y metalingüísticos. Alicia se queja de que el Gato de Chesire aparece y desaparece con brusquedad. Entonces el Gato se esfuma lentamente, comenzando por la punta de la cola y dejando para el final la sonrisa. “He visto a menudo un gato sin sonrisa —dice Alicia—, pero no una sonrisa sin gato. ¡Es la cosa más curiosa que he visto en mi vida!”. El accidente sin sustancia. Y una vez más, las sonrisas: la sonrisa del Gato de Chesire y, acaso, la sonrisa del propio Carroll. La Liebre de Marzo le ofrece a Alicia un poco más de té. “Aún no lo he probado —replica Alicia—: así que no puedo tomar más”. “Querrás decir que no puedes tomar menos —le contesta—: es bien fácil tomar más que nada”. En casa del Sombrero siempre son las seis de la tarde, es la hora del té y se acumulan las tazas sucias. En El país de las maravillas y en su continuación, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, no llama la atención tropezar con personalizaciones de conceptos abstractos, como Tiempo y como Nadie. Para ver a Nadie hay que tener muy buena vista: Nadie es invisible, le explican a Alicia. Y Alicia, y nosotros, estamos perfectamente a gusto en este Mundo hecho a la medida de nuestra felicidad.