vivir del aire
Alimentado
William Hawk empezó a sentir un desasosiego bastante creciente respecto a los alimentos. Nunca había apreciado en demasía el arte culinario pero últimamente sus náuseas iban en aumento. Sabía que tenía alguna especie de enfermedad, física o mental, pero no le preocupaba en exceso, lo encontraba entretenido.
Empezó aborreciendo la carne… las hamburguesas de pollo, los filetes de ternera, el lomo de cerdo. Todo lo relativo al mundo animal quedó vetado, se convirtió en vegetariano por una necesidad existencial. Cada vez que ingería un trozo de carne sentía terribles vahídos, que no provenían de su estómago, sino de su cerebro. Poco a poco terminó odiando el alcohol y cualquier bebida que no fuera el agua. Su círculo de amistades se extrañó de su radical cambio alimenticio, pero él siguió con su estricta metamorfosis. Su delgada constitución se acentuó. Dejó de trabajar y tras gastar su humilde fortuna se fue a vivir a un bosque cerca de la ciudad. Allí pronto descubrió que su cuerpo ya no aceptaba vegetales que hubieran sido manipulados. Empezó a distinguir entre las hierbas que eran comestibles y las que no y lentamente fue acostumbrándose a ingerir nimias cantidades de alimentos.
El pelo de Hawk creció igual que su barba y se convirtió en una especie de ermitaño urbano. Pronto dejó de comer y sólo bebía agua cuando llovía, pero para su sorpresa, mientras dormía bajo el cielo, creyó poder alimentarse de los ruidos que lo envolvían. Escuchaba el rumor del viento golpeando las ramas de los árboles, el chasquido de arbustos tras el paso de gatos y perros salvajes, los sonidos de la tormenta, el canto de los pájaros y un sinfín de melodías escondidas que iba descubriendo día a día. Su delgadez iba en aumento, pero Willliam estaba convencido que tenía la mejor dieta posible, los alimentos puros de la naturaleza, aquellos que no hacen falta ser ingeridos. Convencido de su teoría lo escribió todo en una especie de diario personal.
Cuando encontraron el cadáver de William Hawk, el médico forense, Jack Palance, sólo pudo averiguar la identidad correcta del cuerpo gracias al estudio de la dentadura. Palance había visto casos de muerte por inanición, pero le sorprendió la lucidez con la que había sido escrito el diario que habían encontrado entre los brazos del muerto. Tras estudiar con gran detalle los textos en los que Hawk describía como los sonidos de la naturaleza podían alimentarlo, Palance decidió hacer una exhaustiva segunda autopsia, ya que en la primera pensó que el hombre sólo era un pobre vagamundo más, sin historia ni pasado.
Jack se sorprendió de lo que observó en su segundo examen. Hawk no había muerto por una extrema falta de alimentos, sino por indigestión.