la mujer sabia
LA MUJER SABIA
Me acercaba al horizonte al mismo tiempo que venía a visitarte. Miles, millones de pequeñas historias deambulaban a mi alrededor. Sabía que su amor por el mar era infinito.
Por fin la encontré, estaba sentada en lo más alto de una ola. Necesitaba hablar con ella. La Mujer Sabia me esperaba, sentada concentrada en mantener la ola siempre en la cima.
Mi pecho estaba roto, hundido. Mi corazón ya no encontraba las palabras justas para seguir dialogando con cualquier otro. Mi sangre ya no gozaba de la densidad suficiente como para lograr alimentarme. Y mi cabeza, la pobre, había perdido su dolencia principal y se había encontrado con infinitas posibilidades de sufrimiento. Escaso, me atinaba escaso, y por ello fui a verla.
La Mujer Sabia, me observó durante un buen rato. No fui capaz de articular palabra. El tiempo languideció para mí. Intenté hablar, no se bien para decir que, y ella me dijo:
- No digas nada, lo sé todo.
Me miró fijamente a los ojos. El silencio fue bello y elegante.
- Escúchame, prosiguió, adoleces de un mal muy común hoy en día. Hay que vivir con el tiempo, no contra el. No todo es hoy, ni mañana, existen muchos tiempos más.
Me quedé en blanco, aturdido sin remedio. Y continuó:
- Puedo decirte algo más, la sal del mar lo cura todo, todo. Ese agujero en el pecho que te deja indefenso también. Hazme caso, la sal del mar… la sal del mar.
En mi caso tuvo mucha razón. Lo curo todo. Y lo mejor es que todos conocemos a una Mujer Sabia, y si no, es que no sabemos verla.
Por Maximololailo