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20-05-2005 10:42:05

rafael azcona

Archivado en: General — la yeyé @ 10:42

RAFAEL AZCONA Y LOS AVIONES DE PAPEL

Ayer, mientras volvía a casa y hacía zaping radiofónico, encontré a Rafael Azcona en la Ciudad Invisible.

Me quedé.

En ese momento hablaba de que no le preocupaba el operarse de cataratas para poder continuar leyendo cada noche unas páginas de cualquier libro. Era una rutina que se había impuesto y con la que disfrutaba. Lo que más le gustaba era coger libros de cuando era niño y releerlos para encontrar esa doble lectura o esos miles de significados que esconde cada párrafo y que cambian según quién los lea o en qué momento de su vida.

Intentó entonces explicar lo que significaba ser niño poniendo de ejemplo una historia real. Una historia de cuando estuvo alojado en un Hotel de la Via Bennetton de Paris, cuando pretendía encerrarse y aislarse para conseguir escribir un guión.

Bajó a la papelería de la esquina a comprar 500 folios para no tener que pisar la calle hasta haber conseguido escribir una historia más o menos interesante. Pasaban los minutos y no conseguía dar con lo que buscaba y, sin saber cómo, una secuencia de acciones le llevó a construir aviones de papel con los 500 folios que había comprado en la papelería de la esquina para no tener que pisar la calle hasta haber conseguido escribir una historia más o menos interesante.

Cogió los aviones y empezó a lanzarlos por la ventana, observándolos hasta que llegaban al suelo. Pero uno de ellos, debido quizás a eso que llaman bolsas térmicas o corrientes de aire caliente, no fue hacia el suelo sino que subió, subió hasta que se quedó dando vueltas en el centro de la plaza de la Via Bennetton. Rafael Azcona se quedó observándolo en el cielo azul y, cronómetro en mano, asistió a un vuelo de 17 minutos de un avión de papel blanco que buscaba su sitio entre el vuelo de las palomas negras.

De repente y sin saber como, una secuencia de acciones me hizo darme cuenta de que ya había llegado a casa.


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Comentarios

  1. Un bigote, las gafas de bucear y mi tortuga Linsey.
    Lo malo de llevar bigote no es en realidad que me entre agua por las gafas cuando voy a bucear. El problema es que mi tortuga Linsey se queja de el bigote le rasca. Ella es muy culta, después de enseñarle a leer ella me propuso matrimonio. Yo consciente de que la nueva ley de parejas aprobada por el gobierno no contemplaría nuestra situación le intenté hacer entender que no me quitaría el bigote. En un principio no dijo nada. Es muy reflexiva, ¿sabeis? y necesitaba tiempo para saber hacia donde se dirigía lo nuestro. Al poco tiempo, una noche viendo Crónicas Marcianas, se dirigió con sus cuatro patitas hacia la cocina y se preparo su Dry Martini de buenas noches. Volvió con la tranquilidad que caracteríza a estos animales y al sentarse me dijo con voz grave:
    - No podemos seguir juntos.
    Yo me quede sorprendido ¡Mi tortuga me abandona! No me lo podía creer y le pregunté el motivo. A lo que ella respondio:
    - No eres inteligente.
    No podía creerme lo que me estaba pasando, Linsey era mas inteligente que yo.
    A la mañana siguiente ella recogió sus cosas hizo sus maletas y se marcho (y a su barco le llamó libertad). No quise despedirme de ella pese a su insistencia. Me abandonaba.
    Al salir al jardín cogió su pequeño boli con las patas delanteras y escribió algo. Dobló la hoja en forma de avión, y cual Azcona, lo lanzó hacia mi y se marchó después de tres años de relación.
    Al desdoblar el avión lei consternado el mensaje:
    "Te dejo porque me tu bigote me rasca y además porque con él te entra agua por las gafas cuando buceas,IMBECIL!

    Desde un chiringuito en Paris, Maximololailo.

    Maximololailo — 20-05-2005 18:50:23


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