4 millones
4 millones…
de personas hablando. Eso es lo que hace falta para mantener iluminada una bombilla de 100 vatios. Lo intenté hace tiempo con unos amigos (un total de tres) del pueblo de Combray, pero aunque cogimos una bombilla de 60 vatios y gritamos con violencia, sólo conseguimos despertar a una vieja soñolienta cuya siesta es un acto de devota y obligatoria práctica. Luego nos llevaron a una especie de calabozo acusados de alboroto público y privado y nos dieron de comer calabazas. Esta planta de la familia de las cucurbitáceas tiene un almidón no fibroso y mucha pectina, ello posibilita la eliminación del estiércol o como se llame. Nos sirvieron natilla de calabaza, hojas y flores de calabaza guisadas y helado de calabaza a la canela con esencia de plátano. Eso nos molestó bastante porque el plátano rompió la armonía presente en todos los platos.
Tras salir de la prisión, y aunque parezca mentira, unos miembros de la H.E.A.R. (Hearing Education Awareness for Rockers) nos preguntaron una serie de cosas, pero como no sabíamos inglés les respondimos que el exceso de xilitol en la sangre produce diarrea. Ya que estaban allí les di mi currículum y al ver que había trabajado en una granja hace un par de años me ofrecieron una plaza que estaba vacante. Yo les dije que no quería quitarle el puesto a ninguna vaca, pero de todos modos conseguí un trabajo de medidora de decibelios en la H.E.A.R.
Desde entonces he aprendido muchas cosas, aunque la tabla del nueve siempre se me resiste. Mi misión consiste en ir por la calle y apuntar todos los elementos que sobrepasen los 70 decibelios, ya que eso se considera perjudicial para el tímpano. Un repartidor de pizzas en moto a 92, una furgoneta a 81, un patio de colegio a 109, en fin, casi todo por encima del nivel permitido. Mis informes fueron muy duros y me dieron un ascenso a primera división, aunque tuve que cambiar al campo de arena por uno de césped. Allí jugábamos los partidos de fútbol de empresa hasta que el campo cogió la marchitez de fusarium, enfermedad consistente en manchas necróticas en forma de anillo que crean áreas muertas en el césped.
Descubrí, como ya lo habían hecho antes otras personas con anterioridad y con mayor rigor, que un 86% del público asistente a un concierto sufren ciertos pitidos en los oídos (tinnitus), aunque esto sólo es preocupante si los pitidos duran más de dieciséis horas. La Obertura 1812 (ahora ya deben haber cerrado) de Tchaikovsky, La Sinfonía del 2000 de Mahler, La marcha de las walkirias (¿Adónde iban?) de Wagner y El rito de la primavera de Stravinsky forman parte de las obras clásicas cuya potencia es más que destacable por su carga de decibelios.
Dejé mi cargo en la compañía porque quería tener un trabajo más normal cuidando céspedes de personas cuyo oficio era la restauración y su plato preferido contenía la calabaza. ¿Os gusta algún alimento más que cualquier otro sin saber exactamente la razón?
Hasta la próxima anécdota.