Santorini. Parte1
CRÓNICA DE UN VIAJE O DE CUANDO ZARAGOZA RECIBIÓ LA HISTORIA DE UNA ISLA GRIEGA
PARTE PRIMERA
Mucho hay que contar si hacemos una relación proporcional al tiempo que pasamos en Zaragoza y las líneas que van a continuación pero oye, nunca supe resumir. Ya me lo decían mis progenitores cuando, en mi más tierna infancia, me pedían que abreviara cuando les contaba el argumento de una película o similar. Porque los niños tienen que irse pronto a la cama (como dicen los Lunnis) y si empezaba a las 8 de la tarde, echad cuentas que para eso sois gente cultivada.
El viaje para asistir a la premiere de "Santorini, espérame despierto" está plagado de anécdotas. Todo empieza cuando mi copiloto toma el mando del maravilloso bólido con pegatina de caballo de mar (homenaje a ya sabemos quien). Dos momentos clave e irrepetibles basado uno en la creación de un tercer carril y otro en el silencio sepulcral (corrijo, se oyó algo de "ésto no tira más?") al percibir los tripulantes la imposibilidad de repetir lo del tercer carril. Finalmente, solamente sufrió algún que otro desperfecto la botella de agua mineral del manantial de Jaén que Maje sostenía en su regazo (hemos de recordar que ésta miembro del selecto club, padece de amaxofobia).
El viaje duró 4 horas, pasamos por pueblos tan queridos por nosotros como por ejemplo Villanueva de Jiloco o el lugar de peregrinación de todo loco del chiringuito que se tercie, Luco de Jiloco. Si hubiera podido dormir en el trayecto, hubiera creído que el viaje duraba un año entero porque hubo sol (verano), lluvia (primavera), frío (invierno) y caída de migas (otoño). Entre barro y agüita de color proporcionada por los camiones que nos precedían y que firmaron el coche con bonitos dibujos de mierda, llegamos al destino: Zaragoza. La suerte nos guió hasta aparcar al ladito mismo del Cerbuna, lugar donde iba a realizarse la proyección. Se juntó la media hora que quedaba para el estreno con el mensaje del aclamado director, Álvaro Rigual (quedarse todos con este nombre) que decía, cito textualmente “se retrasa un pelín”, para que la tropa del coche 1 acabara en el bar de la esquina (porque en cada esquina, hay un bar, como dicen los poetas. Y mucho más en Zaragoza que es la ciudad de España con más bares por calle. Habla la estadística, y doy fé).
Al llegar a la puerta y ver la típica puerta, con su espacio de puerta para pasar a través de la puerta y sus carteles (en la puerta), nada nos hacía pensar que estábamos a punto de entrar en J85, el bar ecléctico.