poema
"TU MADRE ES UN CASTOR"
Escribió a los diez años un poema que bautizó con el nombre “Tu madre es un castor”. Utilizó un lenguaje muy sencillo y dibujó a lápiz una mujer con cabeza de castor y una cola. En el colegio se burlaron de él e incluso la profesora se rió cuando cantó con alegre tono su poesía delante de la clase. Ese día colgaron su obra en la pared como ejemplo de inutilidad y estupidez.
Por la tarde, se fue al río que había cerca de la escuela, aún tenía los ojos vidriosos y un gran malestar le carcomía las entrañas. Entró, poco a poco, en la gélida agua y se preparó para morir. Chapoteó patosamente durante un agónico minuto y desfalleció hasta notar como sus pulmones se llenaban de agua mientras se hundía y la corriente se lo llevaba. Pero mientras estuvo bajo el agua, vio que una mancha oscura y difuminada se acercaba hacia él. La sombra le golpeó y le envió accidentalmente hacia un pequeño dique construido con ramas de árboles en el que el agua estaba estancada, se agarró por instinto a los troncos y allí perdió el conocimiento. Cuando se recuperó, observo que tenía un castor a su lado. Se alegró de estar vivo mientras repasó con sus ojos al animal.
Al día siguiente, llegó a clase con una canción preparada en la que explicaba todo lo que le había sucedido. Se sentó en primera fila y esperó a que la profesora lo llamara, pero otro compañero salió primero a cantar su canción, que explicaba, sorprendentemente, la misma historia que él quería contar sobre el castor. Los mismos hechos, los mismos sentimientos... La melodía de la canción se instaló en su cerebro y la repitió varias veces.
Entonces, se dio cuenta de que era el personaje del cuento, una parte de la canción y el poema, una fantasía. Entendió que sólo existía cuando alguien cantaba “Tu madre es un castor”. No estaba vivo, ni estaba muerto, era una moraleja temporal dependiente del consumidor. Cada vez que alguien piensa en la historia, él vuelve a escribir un poema, dibuja un castor, canta la poesía mientras sus compañeros se ríen, se ahoga en un río, lo salva un castor y al final se da cuenta que forma parte de una fábula. Así hasta que alguien vuelve a explicar su historia.
Hoy me siento culpable...